Los neumáticos son, posiblemente, una de las partes más débiles de cualquier sistema de transporte. Al ser la parte que pone en contacto el medio de locomoción con la superficie por la que nos desplazamos, también se trata de una de las partes que mayor desgaste sufre y que más expuesta está a sufrir un problema. Reventones, pinchazos o pérdidas de presión que nos hagan perder seguridad están a la orden del día… hasta ahora.

Los neumáticos son, posiblemente, una de las partes más débiles de cualquier sistema de transporte. Al ser la parte que pone en contacto el medio de locomoción con la superficie por la que nos desplazamos, también se trata de una de las partes que mayor desgaste sufre y que más expuesta está a sufrir un problema. Reventones, pinchazos o pérdidas de presión que nos hagan perder seguridad están a la orden del día… hasta ahora.

Desde hace muchos años, uno de los colectivos más afectados por los problemas con los neumáticos son los camioneros. Para las grandes flotas, las habituales complicaciones con las ruedas son sinónimo de pérdida de dinero. De hecho, se calcula que cada 13.000 kilómetros aparecen problemas derivados de la falta de presión del neumático, que van desde parar en una gasolinera para dar presión a las ruedas a tener que sustituirlas.

Y, precisamente, esa situación genera una pérdida de tiempo en el transporte que se transforma en la consiguiente pérdida económica. Por esa misma razón varias compañías han tratado de investigar con el objetivo de encontrar una tecnología que permita fabricar neumáticos que eliminen de raíz ese problema: tras años de trabajo, Bridgestone acaba de anunciar que pone a la venta las primeras cubiertas que no necesitan aire.

Así lo ha anunciado John Kempel, director ejecutivo de nuevas soluciones de ingeniería para el mercado americano en una entrevista con ‘Automotive News’. La compañía japonesa se dispone a lanzar en cuestión de meses sus novedosas ruedas, pero de momento solo enfocadas para camiones y bicicletas. Están hechas de termoplástico reciclado, con radios entrecruzados que ofrecen cierta flexibilidad y que con capaces de soportar hasta 2.267 kilos de presión.

Esa red termoplástica que forma el núcleo del neumático le permite emular la consistencia y la flexibilidad que ofrece el aire dentro de la rueda tradicional, pero con la ventaja de que nunca reventará, pinchará, ni se deberá revisar su presión. Kempel afirma que será en los próximos meses cuando estará disponible para camiones, mientras que será puesto a prueba en bicicletas de cara a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde habrá una flota con este tipo de ruedas para los usuarios.

Sin embargo, todo hace indicar que, al menos a corto plazo, esta tecnología no estará disponible para los turismos al uso. Pero, ¿por qué de momento no se valora la opción de los vehículos, si es el tipo de medio de transporte más habitual de nuestras carreteras? Por una sencilla razón: es imposible contar con un estándar. Cada marca y modelo tienen una variedad de presiones infinitas e, incluso, dentro del mismo coche, atendiendo a la carga y el número de pasajeros.

Por ello, de momento solo se ha enfocado hacia bicis y camiones, especialmente: “Los operadores de flotas nos están pidiendo esto. Esta tecnología les resuelve un problema y les ahorra dinero. Su trabajo es mantener sus camiones en la carretera y no se puede hacer eso cuando sus neumáticos no están inflados adecuadamente”, explica Kempel. La rueda del futuro está al llegar, aunque para el mundo del automóvil aún le quede un largo trecho que recorrer.

Fuente: El confidencial.com

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